Bellaco o una crónica de un versatil reprimido a bottom.

orgasmitos

Bellaco.  Ese era el único sustantivo adjetívico adecuado para describir el estado de sensibilidad sensorial en el que habías entrado desde aquella ruptura que te mantuvo en una fiel monogamia castísima a lo largo de cuatro años.  Aunque, pensándolo bien, no fue una ruptura: ese nombre que se han emperrado en aplicar a la locución transitiva del verbo dejar cuando su complemento indirecto es a alguien nunca te ha parecido que hiciera justicia a lo que sentiste el día en que sucedió.  Vamos, ¡no te sonrojes!  Sabes que, de todas las sensaciones que se suscitaron en tu interior, la que brilló por su ausencia fue cualquiera que te hubiese hecho sentir roto, quebrado, destruido, aniquilado, bombardeado, despedazado.  Hubo llanto, eso lo sé, pero no niegues que –en el fondo—sentiste ese bombeo adrenalínico de sangre apresurada que se dirigía… ¿a dónde?  Sí, ahí mismo, a los cuerpos cavernosos y esponjosos de…

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